La ciudad que me asfixiaba

Si es de noche, escribo. Si escribo, fumo, Si fumo, reflexiono. Si reflexiono, sueño. Si sueño, vivo.

Y sueño, una vez más, que huyo de esta pesadilla que es esta ciudad que te engulle y te deja sin energía vital, que se traga tu vida y llena tu cuerpo de humo grisáceo y pasivo, que te va corroyendo por dentro y paralizándote por fuera. Esta ciudad, donde la vulgaridad se va apoderando de tu vida, y llegas a creer que tu vida tiene que ser vulgar, porque es lo único que puedes hacer aquí. La vulgaridad democratiza. La vulgaridad consuela, y la vulgaridad acaba dibujando vidas limitadas, donde hay un sitio para cada cosa y un papel para cada persona.

El calor es vulgar, el sol, los bañadores son vulgares, El folclorismo es vulgar, el deseo opiáceo de un ocio preprogramado es vulgar. La limitación es vulgar, así como la escasa imaginación para proponer alternativas vitales…

Todo eso que me aterroriza es vulgar. Pensar que no hay nada más, y consolarse con ello. Ir al Hipercor un sábado por la tarde, salir a los mismos bares con la misma gente y pretender que te diviertes…saber que no podrás hacerlo de otra forma, y fingirlo.

Estoy comenzando a notar que mi piel se transforma poco a poco, se vuelve algo más brillante, irisada y ligeramente más dura, se forman escamas que me protegen del exterior, y me hacen recordar que una vez fui el pez que nadaba en aceite mientras aguantaba la respiración…

Me miro en el espejo, y aunque he recorrido varios océanos, el pez que hay en mí no puede evitar la sensación de asfixia al llegar a este mar que, aun siendo pequeño, consigue abarcar los pulmones de mi existencia, como en una muestra de poder, como para decirme que quizás podrá conmigo, quizás podrá invadir mis pulmones y hacer que se inunden del humo grisáceo que no quiero que invada mi vida.

Lo único que le debo a esta ciudad es haber agudizado mi capacidad de soñar, y los sueños son mi energía vital cuando todo el resto de combustibles me fallan. Estoy en deuda con esta ciudad porque, por negarme a ella, he aprendido a saber lo que no quiero ser, por vivir en ella como no quería estoy sabiendo llegar a la vida que quiero.

Quizás esta ciudad sea la representación de un yo que no quiero conocer, como en una especie de retrato de Dorian Grey.

Grey, como esta ciudad.

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